El Dragón de tres cabezas

Dibujo: El caballero Capitalista Revolucionario se enfrenta al Dragón moderno de las tres cabezas. Artista: Z Atlas.

La relación con el absoluto

Absoluto es lo desligado, aquello que no está determinado por relaciones sino por sí mismo. Para los liberales, el absoluto es el individuo, y en esta sociedad moderna eso ha llevado a una “humanización” del absoluto, “en Fichte, es el “Yo”; en la filosofía de Hegel, aparece como lo absoluto la razón universal (el espíritu absoluto); en Schopenhauer, es la voluntad; en Bergson, la intuición.” (diccionario soviético de filosofía 1965). Esto no siempre fue así, la relación con la idea de absoluto ha tenido varias etapas en la historia humana.

La primera y más natural relación del ser humano con el absoluto es la religiosa, de hecho, la misma palabra “religión” implica re-ligar, reconectar, mientras que lo absoluto implica necesariamente una desconexión, un desligamiento. Podríamos decir que la idea de absoluto y la idea de religión nacen juntas en tanto son interdependientes, hay “algo o alguien (Dios)” desligado (absoluto) y algunos que quieren religarse a él (entendiendo al/los “desligado/s” como creador/es de lo ligado).

Es evidente para el ser humano más primitivo que todo su entorno se encuentra relacionado entre sí, y que por lo tanto debe existir un algo o alguien no relacionado, alguien del que emanen/ sean creadas, las cosas que se relacionan, este conocimiento no es solo cierto sino también evolutivamente considerable, en tanto no hay antecedentes de un grupo humano que haya sobrevivido sin que su conducta se encuentre guiada por una idea de absoluto. Podemos decir entonces que la primera relación con el absoluto es a través del misterio, una relación de sometimiento a algo que es, en gran medida, desconocido.

El primer cambio en la relación de los seres humanos con la idea de absoluto se da con la venida de Cristo. El absoluto hecho hombre viene para revelarnos algunas cosas respecto de su padre, que Dios es uno y trino, que es todo justicia y al mismo tiempo todo misericordia, que su reino es de los pobres de espíritu y un largo etc. Si bien los profetas y antiguos hebreos habían recibido revelaciones considerables sobre el absoluto, y, al mismo tiempo, algunos filósofos griegos habían descubierto (usando la razón) algunas verdades del absoluto, la revelación cristiana aparece como la revelación final, como la religión última.

A partir de la venida de Cristo nace la iglesia católica (universal) destinada a organizar, mediar y expandir la relación de los seres humanos con el absoluto. Con el islam y Mahoma pasa algo parecido (en ningún caso similar) en tanto el “sello de los profetas” reclama como suya la revelación última del absoluto.

Pese al cambio recién mencionado, la relación con la idea del absoluto seguía siendo por medio del misterio, es más, tanto el islam como el catolicismo son religiones repletas de misterios asumidos como tales, partes de los dogmas que no se pueden explicar razonablemente, y que se aceptan por fe como misterios.

El siguiente cambio fundamental y que da lugar a la modernidad en un sentido teológico, es la reforma protestante, para esta ya no existen los misterios totales, los protestantes (en sus diversas variables) se basan en la “sola scriptura”, sólo la biblia tiene de por si todas las respuestas, es la palabra perfecta de Dios y solo consultando el libro se obtiene una revelación completa, además de relación personal e íntima con el absoluto. Este es un cambio fundamental en la relación del ser humano con el absoluto, ahora se pierde tanto el sentido de misterio(Dios esta revelado en su totalidad en el libro, nada hay que saber sobre el absoluto fuera del libro) y el sentido de humildad (el ser humano ya no se somete al absoluto, sino que se considera su amigo) la relación personal e íntima con el ser no-relacionado (absoluto) implica una liberación de los mecanismos planteados por los primeros cristianos para acceder a la gracia (conexión con Dios), como los eran los sacramentos y sus ritos, administrados por muchos siglos (y hasta la actualidad) por la iglesia católica. El protestante solo necesita el libro para saber todo lo que hay que saber de Dios y para relacionarse directa e íntimamente con él.

De aquí es fácil inferir lo que ocurrió después, si no existe autoridad para entender a Dios, mucho menos la debe haber para entender el mundo a nuestro alrededor, los grupos anticristianos que habían permanecido ocultos de la autoridad católica comenzaron a salir a la luz, masones, gnósticos, iluminados, etc… y se esforzaron por expandir una idea muy atractiva y engañosa, el endiosamiento de la razón, comenzando a establecer al absoluto dentro de la naturaleza misma del ser humano. El principal obstáculo de estas perniciosas y falaces ideas era, precisamente, la profunda fe cristiana de los pueblos, tanto de los engañados protestantes como de los fieles católicos. Es por esto que los primeros grupos subversivos contra la autoridad de Dios comenzaron a planificar las llamadas Revoluciones Liberales, comenzando con la Revolución Francesa y siguiendo con todo tipo de disturbios y matanzas criminales a lo largo del mundo cristiano, principalmente en los territorios ocupados por el Imperio Católico español. La consigna era clara, separar el poder político de la religión, establecer la libertad de credo y de expresión, y establecer repúblicas democráticas.

¿Cuál era la manifiesta intención de estos seres al eliminar el poder de los reyes y sacerdotes? ¿Por qué deseaban libertad de expresión? Pues claramente, para comenzar a expandir sin freno su mensaje de maldad y para elevar al ser humano a una categoría divina, la razón como única verdad.

No es impropio referirse a este culto de la razón como un absoluto en la forma de una religión, una religión atea que usaba incluso ritos y tenía su simbología. Poco queda de esta hoy en día, igual que poco queda del sistema político que construyeron, pero son paso fundamental para lo que vendría después.

La razón humana es una poderosísima herramienta, que ya era usada sin problemas por los seres humanos antes de ser endiosada por los modernistas, los avances en finanzas y banca se estaban realizando un par de siglos antes de la reforma protestante y varios antes del endiosamiento de la razón, la industria y el comercio estaban avanzando mucho antes de estos fenómenos también, pero,  estos avances, que,  por su propia naturaleza,  son exponenciales, comenzaron a dar importantes frutos justo en el preciso momento en que los modernistas expandían su discurso sobre la “diosa razón”(se llegó realizar ritos, levantar templos y componer escultura, pintura y oraciones cantadas para esta “diosa” modernista). Esto dio pie para que los modernistas se adjudicaran estos avances como claros “milagros de la ciencia”, descontando el hecho de que los principales precursores de los avances y descubrimientos, científicos y tecnológicos, eran, casi todos, creyentes cristianos.

Llegando al siglo XX la razón ya era una deidad hegemónica, las grandes mayorías le rendían tributo (lo supieran o no) en alguna de sus variantes ideológicas, la democracia liberal, el nacionalismo, el socialismo, el comunismo marxista, etc… pero de pronto vinieron dos guerras que pusieron el mundo entero de cabeza.

Las guerras mundiales no solo tuvieron el efecto político de eliminar el nacionalismo como discurso aceptado, también les mostraron a muchos que no siempre los “milagros de la ciencia” eran algo bueno, la bomba atómica y los campos de concentración no parecían ser los más bondadosos milagros de la nueva deidad, la posibilidad de extinción nuclear de la humanidad durante la guerra fría tampoco presentaba un futuro muy alentador.

Es en este contexto que algunos grupos de extrema izquierda desilusionados del comunismo comenzarían a minar la supremacía de la “diosa razón” y a establecer la enorme arbitrariedad que la supremacía de la razón implicaba, estos grupos comenzaron a dar forma a la “posmodernidad” como realidad sin absoluto, un mundo sin autoridad alguna, más que los caprichos emocionales y subjetivos de cualquiera, la libertad de expresión y de credo que usaron los modernistas para destruir el orden cristiano fue utilizado entonces para destruir el orden moderno, la verdad ya no importa, todo es intersubjetivo, son todo percepciones, el “¿qué piensas de esto o aquello?” se convirtió en “¿Cómo te sientes respecto de esto o aquello?”, hoy vivimos en un mundo sin absolutos, quienes creen en la razón reciben tantas burlas por anticuados y pasados de moda como los cristianos, la modernidad ha dado paso a un periodo de caos del que puede que la humanidad no sobreviva.

Del orden natural al absolutismo

A nivel político la reforma protestante generó un conflicto brutal por toda Europa, católicos y protestantes se enfrascaron en múltiples y sangrientas guerras. Mientras por el lado católico los filósofos escolásticos afirmaban el régimen natural con sus interpretaciones respecto del tiranicidio y el derecho a rebelión, los protestantes desarrollaban interpretaciones (equivocadas) del poder político que le otorgaban a los monarcas poderes por encima de la fe de sus súbditos y establecían el poder absoluto del monarca, poder que le vendría directamente de Dios por el solo hecho de ocupar el cargo, de acuerdo a una lectura literal y fuera de contexto de la  carta de San Pablo a los romanos (13,1).

Aclaraciones previas:

No es el objetivo de este texto caer en el error histórico de considerar la reforma protestante como la fuente del absolutismo, antes de la reforma habían existido monarcas absolutos como Athelstan en Inglaterra (927 después de Cristo) y sus sucesores hasta la carta magna (1215) o Go-Daigo (japón 1333 después de Cristo). Estos ejemplos de absolutismo previo a la reforma son bastante puntuales y reflejan el claro deseo de algunos monarcas de establecer el control total sobre la población. Por otro lado, no existe una relación directa entre la fe de los monarcas y su deriva absolutista, la mayoría de los monarcas absolutos fueron de fe católica (romana u ortodoxa) y sustentaron su poder total en la supuesta capacidad que les daba para combatir con mayor eficacia a los rebeldes protestantes (Luis XIII, por ejemplo). Siendo lo anterior cierto, a nivel ideológico los teólogos y predicadores de la reforma fueron los principales sostenes intelectuales del cambio general de los sistemas políticos del feudalismo y el foralismo al absolutismo.

Poder ascendente(natural) y poder descendente (moderno):

Durante toda la antigüedad y el medioevo las estructuras de poder han sido constituidas de forma ascendente, desde las familias que juraban lealtad a un señor, hasta las familias señoriales que iban dando su poder a señores superiores hasta llegar a un rey, incluso los modelos de la republica romana o la democracia ateniense se basaban en familias cuya organización era una unidad política primaria y que este se iba otorgando de manera ascendente hacia los cónsules y el senado mediante los votos de sus autoridades políticas(el pater). El absolutismo es el primer quiebre de ese esquema.

La modernidad comienza una transformación del reino, desde una organización política ascendente, descentralizada y de organización familiar, a una centralizada, descendente y de dicotomía individual/colectiva, donde, en lugar de ser familias las que se organizan (en función de sus creencias) para ir generando un poder político territorial, ahora son individuos que son gobernados directamente por un Estado y sus leyes.

El monarca absoluto ya no se reúne con los señores locales para discutir una norma o una política, para resolver si ir o no a la guerra o si cobrar unos impuestos o aranceles, ya no debe discutir con los gremios profesionales también estos asuntos y con las autoridades religiosas para comprender las aristas éticas de estas cuestiones. Si el monarca pre-absoluto no llegaba a acuerdo con los señores locales podía desencadenar guerras internas o quedarse sin tropas, si no llegaba a acuerdo con los gremios profesionales podía ver impedida la realización de obras públicas, la compra de armas u otras herramientas, y si no cuenta con la venia de los sacerdotes arriesga un alzamiento popular generalizado. Ahí donde el monarca pre-absoluto está limitado, el monarca absoluto es libre, el construye su estado con ministros, elegidos a voluntad por él, funcionarios y estructuras de poder descendentes que construyen normas y regulaciones que son aplicadas por un ejército profesional que responde al rey y no a señores locales, es más, los señores locales pierden su autoridad, ya no hay fueros, cantones o cabildos que generen poder local y, en muchos casos, elige a los miembros del clero.

El imperio español:

En la hispanidad el absolutismo cambió el sistema de fueros y cabildos por el de intendencias, la respuesta fue variada: en la península , luego de la invasión napoleónica, los liberales se aliaron con la monarquía para imponerle a esta condiciones de monarquía constitucional (un Estado a todos los efectos similar a la republica liberal, pero con un rey a la cabeza) mientras los defensores del antiguo régimen (fueros y cabildos) se plegaron a un noble que decía ser el verdadero heredero de la corona (Carlos) llevándose a cabo una serie de guerras civiles entre carlistas y liberales. Por otro lado, en los reinos españoles del continente americano(mal llamadas “colonias” en la actualidad), los liberales se alinearon con la causa independentista y republicana, mientras los defensores del antiguo régimen se aliaron a la causa realista, posteriormente, cuando en la península la monarquía se allanó a un régimen liberal de monarquía constitucional, los ex realistas intentaron aprovechar la reciente victoria de los republicanos independentistas para reproducir el antiguo régimen en los países americanos recién nacidos, eso llevo a dictaduras, guerras civiles y algunas efímeras monarquías como los imperios mexicanos.

La revolución americana:

El comportamiento absolutista de la corona Británica respecto de ciertos colonos americanos a finales del siglo XVIII, llevó a una revolución en la que liberales y conservadores crearon una república federada (EEUU), que conciliaba las demandas de los defensores del antiguo régimen y los revolucionarios que buscaban uno nuevo, esta revolución de alguna manera refleja la situación en la Inglaterra europea, donde el antiguo régimen coexistía armónicamente con un sistema modernizado. Los conflictos entre el antiguo régimen y el centralismo liberal-republicano se pusieron de manifiesto casi un siglo más tarde y desembocaron en una guerra civil, donde unionistas representaban a la república con poder centralizado y los confederados la supremacía del poder local aristocrático (antiguo régimen).

Absolutismo Francés:

Luego de que Luis XI venciera a la “Liga Del Bien Público” encabezada por el gran aristócrata Carlos el Temerario (bisabuelo de Carlos I de España y V de Alemania), comenzaría un proceso de centralización del poder durante la segunda mitad del siglo XV y el XVI.

La corona francesa incluso intentó impedir que los sacerdotes y obispos franceses asistieran al concilio de Trento, de esa manera impidiendo su carácter de ecuménico (dentro del catolicismo).

Una muestra del absolutismo salvaje que se estaba gestando lentamente, la tendría Henrique IV, el cual no solo estableció una redistribución de riqueza con sus leyes “alimentarias” sino que también, y yendo en contra de los poderes locales, estableció la libertad de culto en todo el reino, pasando por encima de La Iglesia y de los nobles, comenzando a gobernar él a los franceses directamente (apoyado en la burguesía) y a saltarse las estructuras intermedias que caracterizan al poder ascendente.

Desde el alzamiento de la “Liga Del Bien Público”, cada alzamiento aristocrático y/o de cuerpos intermedios en Francia fue aplastado por la monarquía, que ya no llamaba a las cortes ni a los Estados generales, y gobernaba para sí misma.

El Hijo de Henrique IV, Luis XIII va a mantener y acrecentar la tendencia absolutista de los monarcas franceses, en esta ocasión de la mano del Cardenal de Richelieu. En lugar de excusar su enorme y creciente poder sin contrapesos, en alimentar a los pobres y dar libertades a los enemigos de la iglesia (como había hecho su padre), lo hacía en la lucha contra los enemigos de la iglesia, quienes, convenientemente, se alzaron en su contra en varias oportunidades, dándole la chance de aplastarlos sin necesidad de ser él el perseguidor.

La humillación a los nobles fue una política constante, Luis XIII no cesó en despojar unilateralmente a los nobles de grandes porciones de su autoridad local, transfiriéndola a sus funcionarios.

A pesar de combatir a los enemigos de la iglesia en su territorio, Luis XIII hizo alianza con el bando protestante en las guerras religiosas, esto por la animadversión que le causaba la familia Habsburgo y por su simpatía política por los monarcas protestantes, los cuales también estaban acumulando y concentrando poder por encima de las autoridades locales.

Luis XIII era casi seguramente homosexual, y, luego de más de dos décadas con su esposa, lograron concebir a un heredero, Luis XIV, quien se declararía a sí mismo “sol” (Dios) y culminaría la obra tiránica de destrucción de todo cuerpo social intermedio, de todo poder humano ascendente y se proclamaría rey absoluto, únicamente por el poder descendente venido de Dios.

La casa real francesa (los Borbones) arrebatarían el imperio español a los Habsburgo, durante la guerra de sucesión (a principios del siglo XVIII) y sería esta casa real la que comenzaría a reformar el imperio hasta llegar al sistema de intendencias (finales del siglo XVIII) en cual desencadenaría los sucesos estudiados anteriormente (bajo el título “El imperio español”) además de expulsar a los jesuitas e instituir la ley sálica (clave en el conflicto carlista).

El despotismo ilustrado:

Algunas de las expresiones más tiránicas del sistema absolutista se pueden ver en los llamados “déspotas ilustrados”. La ilustración fue un periodo de la intelectualidad que se basó en cuestionarse lo preestablecido, a juicio de este autor, este periodo comienza ya con la reforma protestante y las monarquías absolutas, pero el periodo de más intenso cuestionamiento de la naturaleza de las conductas e instituciones humanas sería el siglo XVIII.

Los intelectuales abrieron una caja de pandora, “¿y si damos por hecho que todos nuestros antepasados eran unos estúpidos y nosotros por alguna razón somos unos genios?” Algo así: bueno, la ilustración es un proceso intelectual similar al que se está  viviendo hoy en día con la llamada “deconstrucción”.

Los ilustrados dudaban de la existencia de Dios o de la validez de las jerarquías, dudaban de el orden social, económico, religioso y político que existía hasta ese momento.

La herramienta de ese pensamiento crítico era la Razón, que como vimos en páginas anteriores, llegó a convertirse en una especie de divinidad adorada por los ilustrados.

Algunos monarcas absolutos, entre los que destacan Catalina “la grande” de Rusia y Federico “el grande” de Prusia, comenzaron a dejarse aconsejar por estos “intelectuales” que pretendían, desde su razón, crear el mundo desde cero, alterándolo todo.

Estos monarcas llevaron a cabo políticas proto-comunistas, proto-fascistas y proto-liberales auspiciadas intelectualmente por pensadores franceses masónicos a los que estos monarcas auspiciaban a su vez financieramente.

La Revolución Francesa:

Efectos de la monarquía absoluta:

En ninguna parte se sintieron tan fuertemente los nefastos efectos de la monarquía absoluta como en el reino de Francia, los monarcas hacían uso de su poder ilimitado para dar rienda suelta al gasto público, cargando directamente al pueblo con los impuestos. En una monarquía feudal los señores locales deben proteger a su pueblo de los atropellos de la corona, esto se puede ver claramente en la revuelta de los comuneros contra Carlos I (España) y en muchas otras situaciones históricas como la que dio lugar al fin del absolutismo en Inglaterra en 1215. Es claro que, de seguir existiendo el régimen medieval de vasallajes, fueros, feudos y cabildos, el monarca francés no se habría podido enfrascar en las guerras en las que lo hizo. Guerras carísimas en recursos y hombres que terminaron por desencadenar una grave crisis económica, esto sumado a los lujos y gastos desmedidos de la corte de Versalles.

El absolutismo trajo a Francia el hambre y la miseria que cualquier régimen de toma de decisiones centralizadas trae a las gentes, y bastaron solo un par de malas cosechas para que casi 200 años de abusos por parte de los reyes, reventaran en una sangrienta revuelta sin precedentes en la historia humana.

Periodo liberal:

En una primera instancia, los ilustrados liberales fueron quienes desafiaron el poder del monarca, el “juramento del juego de pelota” y la “declaración de los derechos del hombre y el ciudadano” fueron sus mayores hitos.

Los liberales pretenderían solucionar los problemas de hambre y miseria del pueblo imponiendo al monarca una constitución que limitara sus poderes y permitiera un régimen de cortes (parlamentos) de representación popular para dirigir al Estado.

El diagnostico liberal era inicialmente correcto, el poder ilimitado del monarca absoluto había llevado a los franceses a una situación deplorable y la solución de largo plazo efectivamente consistía en limitar el poder del monarca, pero, no desde un adanismo refundador ilustrado, sino con el restablecimiento de los vasallajes y el sistema que había sido destruido por los antepasados de Luis XVI, destrucción ya descrita en páginas anteriores.

En el corto plazo, por cierto, las propuestas liberales de limitar el poder del monarca no servían para resolver los dos problemas inmediatos: el hambre del pueblo y la violencia en las calles.

Una reforma a las estructuras de poder debilita inevitablemente la capacidad del Estado para responder a los disturbios, saqueos y revueltas que ocurrían en las calles de Paris, y sin volver a establecer el orden, era imposible resolver los problemas económicos que aquejaban a las masas.

El efecto de las presiones liberales agravó fuertemente las circunstancias de caos y no logró su cometido, el poder del monarca francés volvería prontamente a ser absoluto, con la llegada de Napoleón.

El discurso liberal, sin embargo, llevaría dentro de sí, las consignas de los periodos que le sucederían, la nación como justificación del Estado y fuente de unidad (fraternidad), y la igualdad como herramienta de subversión a las jerarquías previas, darían lugar a los periodos igualitaristas y cesaristas por venir.

Periodo igualitarista:

Han decapitado al rey, ya no hay diferencias, Robespierre ha declarado que todos los franceses son igualmente culpables, y del crimen más grave: regicidio. Él mismo es el primer culpable, los franceses han alcanzado la igualdad moral absoluta: son todos criminales.

Este hito marcaría el comienzo del periodo igualitarista, vuelve la censura y la persecución a los opositores, esta vez no a los del monarca sino a los de la revolución. La pandilla de Robespierre, con Danton y Marat a la cabeza, comenzaron a ejecutar a cientos de miles de traidores a la revolución.

En este periodo se establece la “virtud cívica”, ésta se definía como “la preocupación principal por los marginados”. En el pensamiento de Rousseau (padre intelectual de Robespierre y prócer de la ilustración): El ser humano nacía puro y bueno, pero era corrompido por la sociedad, Robespierre llegará rápidamente a la conclusión de que aquellos marginados y rechazados por la sociedad, serían, los más virtuosos, frente a quienes han sido corrompidos por la socialización.

La “virtud” que anunciaban los igualitaristas jacobinos era entonces la de hacerse uno con los rechazados, con los marginados y con los pobres. De esta prédica ilustrada saldrían los “sansculottes” (sin calzón), hordas de pequeños burgueses que se identificaban con los más desposeídos y en virtud de dicha identificación, no llevaban el calzón propio de los aristócratas. Sus salvajes practicas consistían en saqueos y asesinatos en masa, principalmente a los miembros del clero, la alta burguesía o la aristocracia, a quienes robaban lo que podían y lo que no lo destruían.

Este periodo de la revolución francesa sería el más intensivo en cuanto a las ideas de la ilustración; se cerraron iglesias, se cambiaron los nombres de los meses, se hicieron semanas de 10 días e incluso se intentó hacer que las horas tuviesen 100minutos.

Se estableció la descristianización, Robespierre y sus amigos robaron los bienes a la iglesia y se repartieron las propiedades eclesiásticas entre ellos, se prohibieron los cultos cristianos de cualquier índole y se obligó en culto al ser supremo, una nueva religión creada por los jacobinos entorno a la diosa razón.

Posterior a la descristianización se comenzó un intensivo proceso de redistribución de la riqueza, en búsqueda de la igualdad material se expropiaba todo a sus legítimos dueños y se distribuía entre los pobres, si los propietarios lograban salir con vida de estas situaciones, solían ser acosados por las masas revolucionarias y vigilados bajo sospecha de actividades contrarrevolucionarias.

Danton piensa que el terror ya ha sido suficiente y que es momento de calmar las aguas, Robespierre enfurecido lo hace guillotinar, Marat publica en su periódico listas con miles de franceses que hay que ejecutar “para salvar la revolución”, una mujer haciéndose pasar por colaboradora lo apuñala con un estilete, Marat muere y se vuelve un “santo” del “culto al ser supremo”.

Robespierre está ejecutando la sentencia que proclamo luego de la ejecución de Luis XVI, todos los franceses son culpables de regicidio. Se presenta ante el congreso con una nueva lista de traidores, los congresistas, asustados de que alguno de ellos estuviera en la lista, lo hacen apresar y Robespierre intenta suicidarse, dos de sus colaboradores lo consiguen, el no; solo se destroza la mandíbula, debe encarar su juicio sin poder defenderse, su voz ha sido acallada.

El líder de los igualitaristas es guillotinado, el caos es ahora completo.

El terror se ha detenido, pero el caos no; los liberales intentan infructuosamente recoger los pedazos de un reino destruido, mientras el general Napoleón Bonaparte encadena victorias militares al grito de “viva la nación”.

Periodo cesarista:

El general Napoleón es el héroe que los franceses estaban esperando, sus victorias parecen imposibles, con un pequeño ejército ha derrotado a las grandes potencias militares europeas, el pueblo estaba expectante.

El 18 de “brumario” del “calendario revolucionario”, (9 de noviembre en el calendario católico/gregoriano) del año 7 después de la revolución (1799 después de cristo en el calendario católico/gregoriano) el famoso militar se hace con el poder, mediante golpe de Estado primero, ya en el poder hace un plebiscito que en 1802 lo nombra cónsul vitalicio y en 1804 arrebata la corona imperial francesa de manos del mismísimo Papa y se auto-corona emperador.

El gran prestigio y popularidad de Napoleón le vienen de sus hazañas militares, el pueblo francés razona: “si este puede ganar esas imposibles batallas contra enemigos muy superiores ¿Cómo no va a poder resolver el desorden de la república?”. Y eso es lo que hizo, con Napoleón se acabaron las revueltas y los desórdenes, se acabaron los saqueos y la anarquía, pero no se acabó el derramamiento de sangre.

El gobierno de Napoleón significó la expansión de las ideas y esquemas ilustrados por el mundo, en sus conquistas iba imponiendo el sistema de leyes liberal, el Código Civil, redactado bajo los principios de la igualdad y la libertad, acabó con la familia como unidad política básica, con los poderes intermedios y con las lealtades, descomponiendo el tejido social en todo occidente y el mundo hasta hoy, convirtiendo a los súbditos en ciudadanos y los reinos en naciones.

El que supuestamente terminó con la revolución francesa, no fue más que alguien que la expandió por el mundo, como consecuencia del régimen napoleónico la masonería inglesa logró balcanizar a la América hispana mediante las falsas “independencias” y con eso comenzar el desmantelamiento del último imperio católico.

Una vez que Napoleón fue militarmente derrotado, la victoria ideológica de Rousseau, Voltaire, Robespierre y el resto de los ilustrados era casi mundial.

La revolución francesa en Chile:

En el proceso que se replica en Chile podemos ver unas etapas parecidas: primero un gobierno liberal de la junta nacional y de Jose Miguel Carrera, que intentan disputar parte de su poder al monarca español (encarcelado por napoleón, pero que llevaba más o menos 100 años volviéndose absoluto poco a poco) luego la dictadura de terror, caos e igualitarismo de O’Higgins (quien además incurre en una fase cesarista con la expedición “libertadora” del Perú, aunque el mérito por sus esfuerzos se lo llevaría San Martin), luego de una década de caos liberal, llegaría Diego Portales, pondría orden, devolviendo poder a la iglesia mientras se burlaba de ella (como Napoleón) y consolidaría la revolución dando a la república su solidez final.

Consideraciones finales:

Lo ocurrido en Francia y la América hispana no ocurrió en las monarquías absolutas del centro y norte de Europa, en parte porque ellos no sufrieron las derrotas militares que los monarcas franceses enfrentaron, en parte por un mejor manejo de la economía, pero principalmente porque aplastaban las revueltas con una sangre fría impactante, que era impensada en los reinos católicos. Otro factor relevante es que las fuerzas masónicas y luciferinas de las diversas sociedades secretas anticatólicas estaban cómodas en los reinos protestantes y no necesitaban hacer mayor problema, como si lo hicieron participando activamente de la organización y financiación de la revolución francesa y las revoluciones liberales de la América hispana.

El dragón y sus cabezas

La modernidad se nos presenta entonces como un dragón, o hidra. Este monstruo abstracto está compuesto por un cuerpo y sus tres cabezas, los pies que sostienen a esta bestia corresponden a la humanización sistemática de la idea de absoluto, comenzando con la reforma protestante y siguiendo con la filosofía moderna (Descartes, Kant, Hegel, Fichte, etc.), es esta humanización del absoluto la que lleva al ser humano a concederse cualidades cuasi divinas. El cuerpo (la ilustración) es la soberbia de creer que los seres humanos pueden volver a crear el mundo, volver a inventar todo desde cero, creer que la estructura de nuestra sociedad responde a una racionalidad impuesta por otros y no a nuestra naturaleza, y, desde ese punto de partida, diseñar racionalidades “mejores” desde las cuales organizar nuevamente la sociedad. De este cuerpo surgen en orden las tres cabezas ideológicas: La cabeza liberal, que emancipa al ser humano de su naturaleza y del orden social. La cabeza igualitarista que pretende igualar materialmente a los seres humanos mediante el robo y el terror para satisfacer los resentimientos y rencores de los que salieron peor parados en el periodo de la cabeza liberal. Y una cabeza cesarista, que busca volver al orden y acabar con el caos de los periodos anteriores, pero termina consolidando ideológicamente a las etapas previas.

El orden natural:

El orden natural es la forma en la que nos organizamos natural y espontáneamente como especie, el orden que está en nuestra naturaleza creada por Dios. Este orden no responde a una racionalización hecha por alguien en el pasado sino a la organización que se da entre los seres humanos cuando no lo estamos racionalizando activamente.

Para distinguir este orden de otros debemos observar las primeras sociedades humanas sedentarias, lo cual representa una dificultad evidente en tanto la mayor parte de estas sociedades se dan antes de la invención de la escritura, lo que nos deja poca evidencia documental de sus conformaciones.

Pero existe un suceso histórico de reseteo que nos puede dar una luz casi experimental de la conformación de una sociedad natural: la temprana edad media.

Cuando en el año 476 después de Jesucristo se materializa políticamente la caída del orden romano, el orden social está completamente destruido, Europa se encuentra totalmente desprovista de estructuras políticas sólidas y constituidas, aun así, estas sociedades se rearticularían desde cero, sin ideologías políticas ni formas de expandir territorialmente las mismas, la rearticulación política y social de la Europa medieval durante los siglos VI, VII y VIII es en gran medida una muestra de cómo se conforma una sociedad teniendo como punto de partida, únicamente, o casi únicamente, la naturaleza humana.

La reforma protestante, más allá de sus efectos teológicos y religiosos, representa en gran medida una revolución racionalista y antitradicional, nos invita a cuestionar el pasado y repensar el futuro, a poner en duda la forma en la que se han hecho siempre las cosas. Es evidente, a juicio de este autor, que a efectos políticos las reforma marca el comienzo de la ilustración y el nacimiento del dragón.

Al observar la rearticulación política europea durante la temprana edad media encontramos claras similitudes con lo poco que sabemos de las primeras comunidades políticas durante la revolución neolítica: La importancia de la familia nuclear como vinculo político primario, la importancia de la religión como rector moral del orden político y la conformación de estructuras ascendentes de lealtades familiares que se van organizando con motivos militares, para proteger su territorio y su fe de las posibles amenazas externas.

Este orden puede adquirir mayor complejidad, pero mientras permanezcan estas características, a mi parecer, no dejaría de ser un orden apropiado a la naturaleza de los seres humanos.


Esquema: El Orden Natural; las familias extendidas/clanes se organizan en torno a familias señoriales, y estas a su vez en torno a familias nobles, hasta llegar a los reyes. Fuente: Elaboración propia.

Una de las principales características de las organizaciones artificiales o ideológicas, es su esquema centralizado y directo, debe existir un organismo ideológico que represente un poder abstracto (nación, república, democracia, socialismo, fascismo, etc.). Un grupo de personas se hacen con el poder concreto (las armas) por medios democráticos, revolucionarios o un golpe de estado y luego imponen su política a toda la población, en este esquema, que hemos decidido llamar “individual/colectivo” no se comparte poder, un solo Estado gobierna directamente a cada persona, en estos regímenes las personas son llamadas “ciudadanos”. El padre es tan ciudadano como su hijo, el señor tan ciudadano como el siervo, el héroe tan ciudadano como el criminal y así, cualquier sistema artificial necesita una mínima cuota de igualitarismo, para establecer su forma de poder.

La política impuesta a toda la población permite poner en práctica las racionalizaciones artificiales respecto de cómo “debería” ser la sociedad que caracterizan al grupo político en el poder, todas las ideologías modernas tienen el mismo esquema .


Esquema: Orden moderno; cada sujeto, considerado «individuo», es gobernado directamente por un Estado en la forma de un «colectivo». Fuente: Elaboración propia.

Incluso en casos donde la constitución reconoce a la familia como la base natural de la sociedad, el Estado no gobierna sobre “familias”, sigue gobernando sobre personas aisladas, “ciudadanos”, “camaradas”, “individuos”. Como cuerpo social total (en el ámbito colectivo) las personas aisladas conforman un colectivo que puede denominarse “pueblo”, “nación”, “república”, “habitantes” o “sociedad civil”.

Excepciones:

Existen países para los cuales esta norma no aplica del todo, ejemplos claros son los Estados Unidos de Norteamérica y Suiza, estos han logrado combinar sus sistemas modernos con algunas características del orden natural para conseguir algún nivel de equilibrio, esto les ha permitido estar ajenos al ciclo que explicaremos a continuación.

Ciclo moderno del dragón:

A continuación, expondremos como se encadenan las cabezas del dragón formando auténticas etapas de un ciclo, un círculo vicioso y degenerativo que va alejando a las sociedades humanas más y más del orden natural, hasta un hipotético colapso, que no se ha dado y no sabemos si se dará.

Cabeza liberal:

El ciclo parte con el gobierno de la cabeza liberal del dragón, la sociedad propuesta por esta cabeza se basa principalmente en la idea de libertad “individual”, el individuo es la persona humana, pero considerada teóricamente como separada de todo lo demás y la “libertad” de los liberales es una autonomía en la toma de decisiones; para el liberalismo, todos somos “individuos” y somos igualmente libres.

La conciencia volitiva, o libre albedrío es una característica natural del ser humano que lo faculta de tomar decisiones; de acuerdo con la propuesta liberal, cada “individuo” debe estar libre de la intervención de terceros para hacer uso de su libre albedrío como le plazca, esto siempre y cuando no afecte a otro “individuo” con sus decisiones.

La frase que caracteriza a la cabeza liberal es: “tus derechos terminan donde empiezan los de los demás”; esa definición casi geográfica de lo que los liberales consideran “libertades” o “derechos” lleva a un ejercicio bastante simple: mientras menos contacto tengo con los demás, más derechos o libertades tengo, el matrimonio en el régimen liberal es una pérdida de derechos/libertades, tener hijos, o cualquier forma de compromiso personal significa perder algo que el régimen te ha convencido de que es tuyo.

Este principio opera en pos de una desintegración de las bases sociales y va dejando a los sujetos en una condición de aislamiento.

Esquema: Sistema Liberal de «Derechos Individuales»; Si mis derechos/libertades/poder terminan inmediatamente donde comienzan los de los demás, entonces la distancia geográfica/jurídica/emocional entre los sujetos es directamente proporcional a la cantidad de derechos/libertades/poder de cada sujeto. Fuente: Elaboración propia.

Este esquema de derechos genera una desintegración profunda en la sociedad, bajando la natalidad, aumentando los divorcios y separaciones.

El primer liberalismo (siglos XVIII &XIX) se estructura dando sustento al Estado en la nación, de esta emana la igualdad de cada sujeto, de su condición de “nacionales”. De la combinación entre estos tres principios (libertad del individuo, nación e igualdad de los sujetos) surge como sistema político la “democracia”, la democracia liberal moderna no tiene relación alguna con la deliberación colectiva de los atenienses (que acuñaron el término), en la versión moderna se usa el principio de “representación”, según el cual las personas, en lugar de votar directamente por cada asunto, votan por representantes que discuten y deliberan sobre los asuntos, representantes que no tienen ninguna obligación de cumplir sus promesas a sus “representados”.

En este último sentido, la democracia liberal no es estrictamente un gobierno del pueblo, sino un gobierno de los elegidos por el pueblo para gobernar; unos elegidos que gobiernan como se les antoja, pero extraen su supuesta legitimidad del hecho de haber sido electos. En la democracia liberal, el pueblo sólo puede escoger a sus tiranos, pero no puede escoger dejar de vivir bajo la tiranía.

El orden liberal conlleva una cultura característica, la del éxito económico. En todo sistema gobernado por la cabeza liberal del dragón, las personas comienzan a medir su altura moral, social y hasta cultural, en los números de sus cuentas bancarias, todo mérito, en la sociedad liberal, es reconocible por el éxito en las actividades económicas.

La desintegración social sumada a una meritocracia arbitrariamente economicista va a generar una profunda descristianización, ya sea forzada (como en la revolución francesa) o espontánea (como en las Europas socialdemócratas o el Chile de la concertación), descristianización que agudiza los síntomas ya vistos y sienta las bases para los síntomas por venir.

La virtud, en el mundo liberal, se ve reflejada en la tolerancia, la riqueza y la indiferencia. Soy virtuoso, de acuerdo con los liberales, si no me importan los demás, soy rico y tolero todos los vicios o maldades de mí mismo y del resto.

Como podemos observar, esta estructura de valores deja a gran parte de la población, no solo aislados y desamparados, sino también con el estigma de ser culpables de su propia soledad, desamparo y pobreza.

El Estado liberal, con su esquema desintegrado, se vuelve el único mediador entre quienes han logrado las “virtudes” liberales y quienes han terminado siendo excluidos, en todas sus formas, de la sociedad. Este Estado se ve crecientemente presionado (por el sistema democrático) a corregir estos problemas, robando y repartiendo la riqueza de los unos entre los otros. En lugar de acudir a soluciones más sensatas, como cambiar este orden de prioridades o la estructura de derechos, se acude a la única solución que un esquema materialista (en el que la riqueza es el único parámetro) permite imaginar, repartir la riqueza para aliviar la “desigualdad”. Este suceso indistinto que ocurre siempre en los regímenes liberales, es el que nos alerta del proceso de transición hacia el gobierno de la cabeza igualitarista.

Cabeza igualitarista:

Lejos la peor de las tres cabezas es la igualitarista, esta no solo es abominable durante su gobierno, sino que, además, intenta sabotear e impedir el gobierno de las otras dos cabezas mediante sus tácticas, las cuales son: la agitación popular y callejera, y la violencia política.

La cabeza igualitarista está motivada fundamentalmente por el odio y el resentimiento, el orden liberal establece las bases para su triunfo, explota el dolor y sufrimiento de quienes son rechazados en el orden liberal para generar caos y desorden.

El gobierno de esta cabeza se caracteriza por el saqueo, institucionalizado y no institucionalizado de los bienes y propiedades, la violencia irracional, el caos y la persecución de todo aquel que se oponga.

Si en la cabeza liberal lo que prima es la racionalidad absoluta y desconectada de la realidad objetiva, en la cabeza igualitaria priman las más bajas pasiones y descontroladas emociones.

Es frecuente en las reuniones y mítines políticos de los seguidores de la secta igualitarista (principalmente socialistas, socialdemócratas y comunistas), verlos llorar y sollozar, gritar desesperados y entrar en frenesís muy violentos de catarsis emocional.

Cuando los igualitaristas han usado intensivamente las instituciones liberales como la libertad de expresión y de prensa para expandir su mensaje de odio y venganza, y cuando la sociedad liberal ha logrado abandonar y rechazar suficientes miembros de la misma, estas catarsis emocionales y frenesís violentos explotan en revueltas donde los igualitaristas, amparados moralmente en sus emociones, destruyen absolutamente todo a su paso. Es frecuente verlos destruir señalética y luminaria pública, como también infraestructura vial; en ocasiones queman los almacenes sin haberlos saqueado con anterioridad, estas acciones no parecen tener explicación táctica o estratégica.

En el ámbito cultural, la cabeza igualitarista establece una inversión de los valores naturales del ser humano; ser fuerte, inteligente o rico pasan a ser atributos negativos y vicios morales imperdonables, que hablar de las virtudes sobrenaturales predicadas por la religión como la castidad, la caridad, la prudencia o la fidelidad, estas obvias virtudes de la vida cristiana son signos de perversidad absoluta e irremediable a los ojos de los igualitaristas.

El igualitarista predica en su discurso que todos deberían gozar de las comodidades y lujos de la riqueza, de la educación de los cultos y de las capacidades físicas de los atletas, pero este discurso es una gran mentira, o cuando menos, una gran ingenuidad. Lo que activamente busca el igualitarista (consciente o inconscientemente) es romperlo/quemarlo/destruirlo todo, cualquier racionalización discursiva es impotente frente a su profundo deseo de venganza.

En el gobierno de la cabeza igualitarista no hay un “orden”, es por eso que, a diferencia del orden liberal, el orden natural y/o el orden cesarista, en el caso del gobierno de la cabeza igualitarista del dragón no es propio hablar de orden, en las oportunidades en las que los regímenes igualitaristas han conseguido algún nivel de orden, esto se debe a líderes igualitaristas que han tomado derivas abiertamente cesaristas (como Stalin o Castro).

Durante el igualitarismo se acostumbran los llamados “escraches” (en Chile “funas”) a todo aquel que haga o diga algo que cause una emoción negativa entre las masas emancipadas.

Dependiendo del nivel de conflicto, el igualitarismo puede causar millones de muertes con su caos, a los eventos ya descritos de la revolución francesa se suman los de las dictaduras comunistas y otros desastres aún más exóticos como el de los jemeres rojos en Camboya o el suicidio en masa de una secta protestante/marxista en Guyana (Jonestown).

Periodo cesarista:

Tanto caos y destrucción no pueden durar para siempre, tarde o temprano el periodo igualitarista termina asesinando a sus más competentes dirigentes (casos como el de Robespierre, Trotsky o Guevara), o simplemente, cuando la catarsis de emociones destructivas concluye, las personas comienzan nuevamente a preocuparse por sus necesidades más cotidianas, las cuales no pueden ser satisfechas en un entorno de desorden social y político.

Es en ese momento cuando surge un cesar, un hombre fuerte que es capaz de tomar las decisiones difíciles y cargar con la culpa; capaz de forzar las cosas a volver a la “normalidad”, para esto se vale de un sucedáneo del orden natural, comienza a integrar a la sociedad por medio de la fuerza y desde arriba.

La reintegración pretendida por el cesarista no se realiza en función del bienestar humano, no está pensada en la recuperación del orden natural, no está pensada en revertir las locuras de liberales e igualitaristas, está pensada en función de la mantención del poder, reinstituyen, del régimen pre-revolucionario solo aquello que les sirve, conservan, del proceso revolucionario, aquello que les sirve ¿para qué? Para mantener el poder de forma ordenada y viable.

Así, la fase cesarista, consolida lo más profundo y relevante del proceso de desnaturalización de la sociedad, mientras, instrumentalmente, devuelven algo de poder a la familia y la religión, bajo su estricta vigilancia, sólo para terminar con el caos.

El gobierno de la cabeza cesarista se caracteriza por una organización militar de la sociedad. Verticalidad, obediencia ciega y disciplina guerrera (virtudes muy importantes de la vida castrense) se vuelven totales, así como en el periodo liberal prima el orden económico, en el periodo igualitarista prima el desorden total, en el periodo cesarista prima el orden militar.

Cuando el periodo cesarista termina de consolidarse, el ciclo vuelve a comenzar, el orden militar y rígido de este periodo vuelve a activar las demandas liberales que inician cada vuelta de esta ruleta infernal, esta revolución interminable de la destrucción social y espiritual del ser humano.

La Anti-Trinidad

En la metafísica cristiana, Dios es presentado como un solo ser, una sola sustancia, pero tres personalidades. La primera, El Padre, es la primera persona, el creador de todo, Él es el absoluto en sí mismo; el Hijo/Verbo es el Logos, la persona que da sentido a la creación; y el Espíritu Santo que emana del amor entre el Padre y el Hijo, es la persona que se derrama desigualmente sobre los seres humanos para religarlos al Padre; este fenómeno se conoce como La Trinidad.

El dragón de tres cabezas se presenta, entonces, como una anti-trinidad; allí donde el Padre como creador de todo es la máxima autoridad imaginable, la cabeza liberal lo sustituye por el “individuo”, quien, desafectado de cualquier autoridad, pretende definir su propio “proyecto de vida”; allí donde el Hijo se hace hombre, siendo rector de la creación (Logos), volviéndose el mas importante y excelente de los seres humanos, la cabeza igualitarista busca eliminar cualquier condición de importancia y excelencia que diferencie a los seres humanos; y allí donde el Espíritu Santo riega sus dones para acercarnos a Dios, la cabeza cesarista consolida la desnaturalización moderna, alejándonos irremediablemente de la verdad y por lo tanto del Padre (Creador) y del Hijo (Verdad/Logos).

Conclusión

La lucha por recuperar el orden natural comienza por rechazar el pensamiento ilustrado en todas sus formas, en lo teológico significa volver a aceptar los misterios por fe, sin intentar de dar respuestas personales y racionalizadas a lo sobrenatural, en lo político significa ser la reacción a cada una de las cabezas del dragón revolucionario, en lo cultural significa mantener una conexión integrada con nuestro entorno social, buscando una cultura, no del “hago lo que quiero”, sino una del “hago lo que soy”.

El engaño del dragón es poderoso y nos lleva a pensar que toda la política se reduce a estas tres posiciones, que, además, mantienen un intenso conflicto simulado para que sus poseídos sujetos políticos no descubran el engaño fundamental al que están siendo sometidos, romper ese engaño es difícil pero viable y debemos usar todos los medios que la sociedad moderna/liberal nos entrega para ir rompiendo esas cadenas de la mentira porque solo la verdad puede hacernos libres.